MIAMI (Estados Unidos) – La selección nacional de Nicaragua comenzó a escribir un nuevo capítulo de su historia. Tras la salida del puertorriqueño David Rosario al finalizar la segunda ventana de los Clasificatorios de las Américas a la Copa del Mundo de Baloncesto FIBA 2027, el estadounidense Mario Casamajor tomó las riendas del equipo con un objetivo ambicioso: consolidar un proyecto que mantenga el crecimiento del baloncesto nicaragüense y lo acerque a la élite de la región. Durante las últimas semanas, Nicaragua ha trabajado en Miami bajo las órdenes del nuevo entrenador, quien cuenta con experiencia como asistente en el Miami Heat de la NBA, en la selección de Estados Unidos durante los Juegos Olímpicos de Tokio y en los Iowa Wolves de la NBA G League. Más allá de la exigencia inmediata que representa la tercera ventana de los Clasificatorios, Casamajor dejó claro que su mirada está puesta en construir una identidad duradera. "La presión es un privilegio y nos hemos fijado el estándar y la meta de convertirnos en una de las mejores selecciones de baloncesto de Latinoamérica. Eso va a requerir muchísimo trabajo", afirmó.
El entrenador reconoce que el reto es enorme para un país de poco más de siete millones de habitantes, pero asegura que ese desafío es precisamente el motor del proyecto. "Hay que estar un poco loco para creer y perseguir los sueños y objetivos que nosotros nos hemos planteado. Nadie espera que un país pequeño se convierta en una potencia del baloncesto latinoamericano, y trabajamos todos los días para demostrar que están equivocados". Como parte de esa visión, la Federación Nicaragüense de Baloncesto incorporó a tres entrenadores con experiencia en la NBA y la G League para trabajar de manera permanente con los jugadores, tanto en Managua como en Miami. Además, el equipo ha aprovechado durante los últimos meses las instalaciones de la SLAM Academy para preparar esta nueva etapa.
Una identidad basada en el trabajo
Durante los entrenamientos, Casamajor asegura haber encontrado un grupo comprometido y dispuesto a asumir el desafío.
Nuestros jugadores realmente abrazan esa mentalidad de ser las personas que más trabajan. No hace falta enseñarles esfuerzo ni ética de trabajo; nosotros simplemente entrenamos baloncesto".
El entrenador también destacó un aspecto que, según él, distingue tanto a los jugadores como al pueblo nicaragüense. "Otra de las cosas que he observado tanto en la gente como en los jugadores de Nicaragua es la paz con la que afrontan la vida. Realmente admiro la tranquilidad que tienen los nicaragüenses y, especialmente, nuestros jugadores". Para Casamajor, esa combinación entre serenidad, fe y cultura de trabajo constituye una base sólida sobre la cual construir el futuro del programa nacional.
Pensando más allá de los resultados
Nicaragua llega a la tercera ventana con marca de 0-4 en el Grupo A y afrontará dos exigentes compromisos como visitante: el 3 de julio frente a México y el 6 de julio ante República Dominicana. Una derrota ante los mexicanos significará la eliminación del equipo de la presente edición de los Clasificatorios. Sin embargo, el técnico considera que esta ventana representa mucho más que la posibilidad de obtener resultados inmediatos.
Tenemos un grupo muy joven en el que creemos muchísimo. Para nosotros, esta ventana representa una oportunidad para que esos jugadores adquieran experiencia, algo que pensamos que dará grandes frutos en el futuro".
Al mismo tiempo, dejó claro cuál será la actitud de su equipo en la cancha. "No vamos a echarnos para atrás ante nadie. No le tenemos miedo a ningún rival y nunca lo tendremos. Queremos que cuando alguien vea jugar a Nicaragua, identifique inmediatamente nuestra identidad y la intensidad con la que competimos". Con un nuevo cuerpo técnico, un grupo joven y una visión de largo plazo, Nicaragua inicia una etapa que busca dar continuidad al crecimiento alcanzado en los últimos años y sentar las bases para un programa competitivo en el baloncesto internacional.
FIBA