19/03/2019
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José y Gregory: los hermanos Vargas, no tan distintos

Termina el último entrenamiento de Guaros en Buenos Aires. Luis Bethelmy, Néstor Colmenares y Gregory Vargas hacen diez flexiones de brazos. Le exigen a José Vargas que él también debe hacerlas. El Grillito explica que ya lo hizo. Sus compañeros no lo vieron y lo acusan de estar mintiendo. Cada jugador del equipo de Barquisimeto que lanza un air ball, ya sea en un partido o en un entrenamiento, debe pagar con las flexiones de brazos. “José no las hizo. Nadie lo vio”, reclama Gregory. “Las hice. Los entrenadores estaban presentes cuando cumplí”, se excusa José. Tras esa pequeña disputa entre hermanos, los Vargas se acomodan para dar una entrevista conjunta.

José Vargas, el mayor de los hermanos, nació en 1982. Un año más tarde llegó Yudgredy y en 1986, el pequeño Gregory. “No me acuerdo mucho de aquel momento. Ya tenía una hermana, pero al enterarme que el que estaba en camino era varón fue una alegría porque me imaginaba compartiendo muchos momentos con él. Cuando fue creciendo, nos encontramos con un niño tremendo e insoportable”, cuenta José. Gregory sabe que nunca fue alguien a quien pudieran mantener en calma: “Siempre fui un niño con mucha energía, no podía quedarme quieto, siempre estaba bromeando. En realidad, a los 33 años todavía sigo igual. No me quedo nunca tranquilo, aunque de pequeño era peor. En mi casa nadie podía conmigo, ni mis hermanos, tampoco mi mamá. En el colegio era igual y lo mismo en la práctica de básquetbol. Siempre estaba en movimiento o molestando a alguien”.

José, en cambio, transmite más tranquilidad y encuentra una explicación para ess diferentes personalidades: “Papá siempre ha sido un señor muy tranquilo, muy callado. Lo más movido que hacía era juntarse los fines de semana con sus amigos. En cambio, mamá siempre está pendiente de toda la gente del barrio, de nosotros. Ella es la que organiza, la cabeza de toda la familia en general. Yo fui un niño muy protegido. Como era muy tranquilo mi mamá siempre estaba pendiente de mí. Cuando salía a participar de los Juegos Nacionales, ella viajaba conmigo y Gregory era siempre la mascota. Soy más tranquilo pero tengo carácter fuerte. Y también hago algunas bromas”.

La expectativa del hermano mayor de poder contar con un compañero de aventuras se hizo realidad desde un comienzo. En el barrio El Rodeo, en Ocumare del Tuy, Miranda, surgió esa unión que perdura hasta hoy. “Cuando éramos chicos jugábamos a todo. Lo que más nos gustaba era lo que en Venezuela llamamos ‘volar papagayos’, que es como una cometa. A veces estábamos todo el día con eso hasta que nuestra mamá y nuestro papá nos regañaban por pasar tanto tiempo corriendo bajo el sol. Con nuestros amigos del barrio también nos la pasábamos jugando béisbol y fútbol descalzos en la calle, incluso bajo la lluvia. O a veces nos metíamos en una pequeña sabana a jugar a cualquier cosa. Tuvimos una infancia agradable”, dice Gregory.

En una familia de deportistas (la madre y el padre fueron voleibolistas, al igual que la hermana), José marcó el camino entre los hijos varones. “Mi comienzo en el baloncesto fue en Ocumare del Tuy. Jugaba al béisbol y un amigo me invitó al estadio para probar con el básquetbol. Ahí empecé a practicar con niños que eran dos años mayores que yo, pero como era muy alto podía hacerlo sin problemas. Fui aprendiendo fundamentos todos los días con el entrenador Rodolfo García, me gustó y me quedé con este deporte”, dice el alero. Mientras que el base recuerda: “Viendo jugar a mi hermano yo quería imitar sus pasos. Antes, cuando él jugaba al béisbol, yo quería lo mismo. Luego, cuando se fue al baloncesto, lo seguí. Y lo mismo con la selección del estado de Miranda y finalmente la de Venezuela. Siempre tomé a José como ejemplo. Para mí, él es el mejor jugador por lo que trabaja. Dentro y fuera de la cancha es una gran persona. Quisiera cosechar tantos éxitos como él ha conseguido”.

La diferencia de edad hizo que el estreno como compañeros de equipo se demorara 15 años. Así lo revive José: “El primer partido que jugamos juntos fue en un equipo del barrio al que llamábamos los Jazz de El Rodeo. Yo ya jugaba profesional y Gregory volvió de jugar con la selección junior de Venezuela. Habíamos estados 3 meses sin vernos y el cambio fue radical, ya que cuando se fue era un niño y volvió como un hombre. Entonces, lo puse a jugar en el equipo grande y ganamos el torneo de nuestro pueblo. Profesionalmente, tuvimos que esperar hasta 2012 para ser compañeros de equipo, en Marinos, aunque antes ya habíamos compartido la selección”. José había debutado en el seleccionado mayor de Venezuela en el Preolímpico de 2007, en Las Vegas; Gregory, en el Sudamericano de 2010, en Neiva. Pero el primer torneo que compartieron con la camiseta vinotinto fue el Sudamericano de 2012, en Resistencia.

18 años después de aquel partido en el que defendieron la misma camiseta por primera vez, los hermanos Vargas lucen juntos la de Guaros de Lara en el mayor nivel de América. Y ya llevan 7 compartiendo el seleccionado. “Cada uno de nosotros sabe lo que puede hacer el otro. Nos entendemos muy bien en la cancha. Él es más versátil, puede jugar de interno o de externo, pero en cualquier posición conozco lo que puede aportar. Siempre tenemos buena química. Solamente necesitamos una mirada para comunicarnos. De esa manera, nos anticipamos a la jugada, tanto en ataque como en defensa”, explica Gregory. Y José agrega: “A pesar de que jugamos en posiciones diferentes, tenemos muchas características similares. Defensivamente a los dos nos gusta ser agresivos y presionar mucho sobre el balón. En ataque, Gregory sabe cuándo darme la pelota y yo sé cómo ubicarme para que me la pase. A través de los años hemos desarrollado señales para comprendernos mejor”.

El mayor también cuenta las actividades que realizan juntos cuando no están en el rectángulo de juego: “Afuera de la cancha compartimos todo. Nos gusta salir a comer juntos. En Buenos Aires buscamos un restaurante venezolano para compartir una cena con algunos compañeros, saliendo un poco de nuestra dieta. Disfrutamos de salir a pasear y de compras”. Gregory aporta un detalle vinculado a la moda, que los hermana aún más: “Nos vestimos similar, con las mismas gorras, los mismos zapatos, y aunque hay una diferencia de edad de 4 años, nos preguntan si somos mellizos”.

El entendiemiento y la armónica convivencia fraternal se termina cuando están cara a cara en un entrenamiento. “A veces chocamos por nuestra forma de ser en algunas situaciones de baloncesto o de la vida, pero lo resolvemos en el mismo momento”, cuenta José. Y Gregory completa:“Él siempre quiere lo mejor para mí, entonces cuando me descarrilo con mi comportamiento de inquieto, él trata de ubicarme. En las prácticas chocamos porque los dos somos muy competitivos. En cada entrenamiento nos olvidamos que somos hermanos, nos empezamos a dar y cruzamos algunas palabras fuertes pero siempre quedan ahí”.

La rivalidad que por el momento ya no se puede ver es lo que los ubicaba en equipos diferentes de la Liga Profesional de Baloncesto. Gregory todavía tiene la espina clavada del antecedente más cercano: “La última vez que jugamos en contra fue en la final de la Liga de Venezuela, en 2017. Yo había vuelto de Israel para jugar con Marinos y José ya estaba en Guaros. Perdimos la serie 4-2 pero el historial es equilibrado”.

Como compañeros en Guaros, el desafío que transitan va por buen camino. Con 6 triunfos accedieron invictos al Final Four de la edición actual de la Liga de las Américas. Y sueñan con la gloria que el equipo de Barquisimeto ya consiguió en 2016 y 2017. “Tenemos el material como para conseguirlo. Jugadores, cuerpo técnico y directivos, estamos todos comprometidos por la misma causa. Estamos entrando en ritmo y nuestra mentalidad se va acomodando a lo que se viene. Somos guerreros que sabemos jugar este tipo de instancias y ya estamos enfocados en lo que vendrá”, se ilusiona Gregory. “A pesar de lo que está pasando con nuestra Liga, que no ha comenzado, y los problemas del país, podemos ser campeones. Tenemos experiencia. Hemos ido mejorando con el correr de los partidos. El Final Four no será fácil, hay cuatro equipos que tienen un gran nivel de baloncesto”, analiza José.

Tras la Liga de las Américas llegará un objetivo aún mayor para los hermanos Vargas. La Copa del Mundo está en el horizonte de ambos. Para el base “viajar al Mundial de China será otro sueño hecho realidad. Tendré la oportunidad de conocer otro país, otra cultura. Ya pude participar de unos Juegos Olímpicos y ahora jugar un Mundial será una experiencia única para coronar mi carrera con el seleccionado. Ya estoy esperando a que llegue la fecha para poder estar allá y disfrutarlo al máximo”.

El alero, por su parte, recuerda su anterior viaje al lejano oriente y advierte sobre las dificultades que Venezuela tendrá en el Grupo A: “Estuve en China en 2007 para disputar la Copa Stankovic. Es un país muy bonito y con una cultura completamente distinta a la nuestra. Por más que digan que nos tocó un grupo accesible, para mí será bastante dfícil. Todos los equipos que están en un Mundial van a jugar un buen baloncesto. Polonia es una selección de gran estatura, China tiene grandes jugadores y estará en su casa, y Costa de Marfil también tiene lo suyo. Independientemente de todos los problemas que hemos tenido a nivel federativo y de nuestro país, el grupo ha logrado grandes cosas. Esta participación en el Mundial completa un ciclo en el que fuimos campeones sudamericanos, ganamos el Torneo de las Américas y fuimos a los Juegos Olímpicos. Todo eso lo pude hacer con mi hermano al lado y tiene más valor. Tenemos el sueño de pasar a segunda ronda y darle una alegría más a nuestro país que la necesita a partir de la situación que está atravesando”.

Pablo Cormick
FIBA