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14/02/2020
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Luis Scola, el gran capitán

Si no hay amor que no haya nada entonces, alma mía reza el Indio Solari en El Tesoro de los Inocentes. La de Luis Scola con el seleccionado argentino es una relación de amor. El compromiso del ya eterno capitán con su equipo nacional es de un valor incalculable. Como aquí sí hay amor, entonces hubo y hay de todo.

“Para el FIBA Américas de 1999 tuvimos algunas renuncias, con lo cual decidí convocar a Luis Scola para el seleccionado de mayores. Entonces, él me pidió una reunión y me explicó que si bien su principal objetivo era jugar en la selección absoluta, esa vez prefería ir al Mundial Sub 19 de Portugal, ya que era la última vez que podría jugar con sus compañeros de formativas. Me aclaró que aceptaría la decisión que yo tomara. Lo pensé algunos minutos y le dije que la selección lo necesitaba, que iban a entrar al equipo varios del plantel del Mundial Sub 22 de Melbourne del que él había participado y que ese era el momento indicado. Nunca más volvimos a hablar del tema y esta es la primera vez que yo lo expongo. Me llamó mucho la atención cómo un joven de 19 años había manejado la situación con tanta personalidad para explicar lo que él pensaba, la madurez con la que lo había encarado, las formas, educación y fundamentos con las que lo había hecho y que además tuviera la disciplina para aceptar la decisión del entrenador. No volvió sobre la situación y tampoco afectó para nada su comportamiento, ni su entrega, ni su actitud. Luego, Luis hizo un aporte extraordinario, jugó un torneo excelente, al igual que todo el equipo que consiguió la medalla de bronce”. De ese modo Julio Lamas rememora, más de veinte años después, la primera vez que convocó a Luis Scola para disputar un Torneo de las Américas.

Y así lo revive el propio Scola: “Me acuerdo que el torneo continental de mayores coincidía con el Mundial de Portugal, en el cual Argentina finalmente quedó cuarta. Julio me llamó y me dijo que iba a ir a jugar con los grandes a Puerto Rico, lo que en ese momento no me gustó. Creía que tenía que terminar mi ciclo con ese equipo de juveniles. Por supuesto que visto en retrospectiva pienso diferente. Fue un muy buen torneo que sirvió como puntapié para todo lo que pasó después”.

En aquel Preolímpico de San Juan de Puerto Rico, Argentina no logró conseguir uno de los cupos para los Juegos de Sídney 2000, pero dejó una muy buena imagen con un equipo integrado mayormente por jóvenes. Allí, Scola promedió 9,2 puntos y 4,4 rebotes por partido y se lució con 22 puntos en el triunfo ante Puerto Rico (101-96) por la segunda fase.

Para la siguiente cita continental, Scola debía enfrentarse a una situación similar a la vivida dos años antes: era la pieza fundamental del seleccionado que participaría del Mundial Sub 21 en Japón y también formaba parte del conjunto absoluto, ya al mando de Rubén Magnano, que sería anfitrión del Premundial. El detalle distintivo fue que había cuatro días entre la finalización del campeonato de menores y el inicio del de mayores. Para Scola fue tiempo suficiente para estar presente en ambas competencias. No le importaron los más de 18.000 kilómetros de distancia entre Saitama y Neuquén, al sur de Argentina. Tampoco las doce horas de diferencia en los husos horarios. El ala pivote brilló en oriente, donde fue el máximo anotador del torneo y se colgó la medalla de bronce. Luego, fue importante en la conquista del oro y la clasificación al Mundial de Indianápolis 2002.
En el campeonato continental, Scola registró 7,8 puntos y 3 rebotes de promedio. Argentina, con Emanuel Ginóbili como guía, arrasó con todos sus rivales para obtener el título por primera vez y mostrarle al planeta que allí crecía un equipo moldeado para hacer historia.

Al Preolímpico de 2003, en San Juan de Puerto Rico, Argentina llegó con el orgullo de haber conseguido el subcampeonato del mundo, pero con la certeza de que todavía le esperaba más gloria. El camino tuvo más obstáculos de los esperados, con derrotas ante México en el debut y Venezuela en la segunda fase. El duelo por uno de los pasajes a los Juegos Olímpicos fue ante Canadá. La victoria por 88-72 mostró la mejor cara del equipo de Magnano. Allí Scola se lució con 18 puntos (9 de 11 en dobles) y 5 rebotes. En la final, no hubo equivalencias frente a un Estados Unidos de alto vuelo. Con 9,5 puntos por partido, Luifa se ubicó como el cuarto mejor anotador del equipo detrás de Ginóbili, Andrés Nocioni y Fabricio Oberto. Aún no era el gran protagonista ofensivo. Su colaboración en rebotes, con 3,3, tampoco fue estelar.

En 2005 Argentina presentó un equipo sin sus figuras más destacadas a raíz de que el oro olímpico en Atenas 2004 la clasificó directamente al Mundial de Japón 2006. Entonces, Scola registró su única ausencia en un torneo continental desde su debut.

Para 2007 el panorama se presentaba muy complicado. El torneo de Las Vegas otorgaba dos plazas para los Juegos Olímpicos y una de ellas se descontaba que sería para Estados Unidos, que había formado un plantel de lujo. Argentina, para peor, se presentaba sin varios jugadores fundamentales. Por distintos motivos se ausentaron Ginóbili, Nocioni, Oberto, Rubén Wolkowyski y Juan Ignacio Sánchez. Entonces, la figura de Scola se agigantó a niveles extraordinarios. Con Pablo Prigioni y Carlos Delfino como socios principales, Luis, que había sido designado capitán por primera vez, fue el faro ofensivo del equipo conducido por Sergio Hernández: en 6 de los 10 partidos anotó 20 o más puntos. El encuentro clave del torneo fue ante Brasil en las semifinales que definían los clasificados a Pekín 2008. Argentina venció por 91-80 a un poderoso Brasil, con 27 puntos (10 de 14 en dobles) y 9 rebotes de Luifa. A pesar de las superestrellas de la NBA que condujeron a Estados Unidos al título, Scola fue elegido el jugador más valioso del campeonato. Sus 19,5 puntos y 7,4 rebotes de promedio por partido, más la incidencia determinante que tuvo en el éxito argentino, avalaron esa decisión.



En 2009, nuevamente en San Juan de Puerto Rico, Argentina volvió a lamentar ausencias de nombres importantes. Scola siempre prefirió quitarle la atención a ese tema y darles valor a los integrantes del plantel. El capitán sabía que podía cargar con el peso del seleccionado. Las derrotas en los dos primeros partidos (ante Venezuela y Brasil) dejaron al conjunto de Hernández al borde del precipicio. Pero los triunfos frente a Panamá y República Dominicana, con 20 y 30 puntos de Luifa respectivamente, acomodaron el rumbo. Una segunda fase perfecta le otorgó a Argentina el pasaje a las semifinales y la clasificación al Mundial de Turquía 2010. Scola volvió a conseguir 20 o más puntos en 6 de los 10 partidos (incluidos los 31 en la derrota en las semifinales contra el anfitrión). Esta vez, fue el máximo anotador del torneo con 23,3 puntos de promedio, además de 6,8 rebotes, y recibió el premio al jugador más valioso por segundo campeonato seguido.

El contexto de 2011 era muy distinto. Argentina fue local en Mar del Plata y Julio Lamas reunió a sus exponentes de lujo: Ginóbili, Nocioni, Delfino, Prigioni, Sánchez, Oberto y, por supuesto, Scola. Se preparó una gran fiesta para agasajar al mejor seleccionado de la historia de cualquier deporte en el país. Sin embargo, la tarea no fue sencilla. Si bien Argentina brilló en la mayoría de los partidos, perdió ante Brasil en el cierre de la segunda fase (además se lesionó Nocioni) y debió enfrentarse a un potente Puerto Rico en busca del pasaje a los Juegos Olímpicos. En esa semifinal contra los boricuas, Scola se despachó con 27 puntos. En la final, Luis brindó otra notable actuación con 32 puntos para coronarse campeón de América por segunda vez. Los 21,4 puntos por encuentro lo ubicaron una vez más en lo más alto de la tabla de anotadores del certamen. También fue el sexto mejor rebotero del evento, con 6,3 de promedio. ¿Había otro a quien darle el premio de MVP? Sin dudas que no y así lo hizo saber el público antes de la entrega del galardón.

La renovación del equipo ya era sustanciosa para 2013. El único campeón olímpico que dio el presente en el Premundial de Caracas fue Scola. La misión del conjunto de Lamas era ubicarse entre los cuatro mejores para asegurarse un lugar en la Copa del Mundo de España del año siguiente. El recorrido tuvo altibajos, con tres caídas entre la primera y la segunda etapa: ante República Dominicana, Puerto Rico y Jamaica, esta última a contramano de cualquier pronóstico. Sin embargo, siempre con el talento y el empuje del capitán, más la rebeldía de Facundo Campazzo, su nuevo escudero, Argentina logró llevar su barco a buen puerto. El partido clave fue ante Canadá, pues el vencedor iba al Mundial, mientras que el derrotado se quedaba con las manos vacías. Como tantas veces, sobresalió la figura de Scola, autor de 28 puntos para sentenciar la victoria por 73-67. En aquella cita, Luis superó los 20 puntos en 5 encuentros y promedió 18,8 puntos por partido, además de 6,9 rebotes. A pesar de haber sido el máximo anotador del certamen, no recibió el premio al mejor jugador (fue para el mexicano Gustavo Ayón), aunque sí integró el quinteto ideal.

De desafíos complejos estuvo plagada la carrera continental de Scola, pero en 2015 se edificó uno más. Con Nocioni como aliado veterano y un grupo de jóvenes en ascenso, Argentina fue a la Ciudad de México en busca de uno de los dos cupos para Río 2016. Y la historia se repitió. A pesar de no contar con el plantel más llamativo, el seleccionado que estaba nuevamente al mando de Sergio Hernández, superó cada escollo hasta posicionarse de cara a un juego clave: las semifinales contra México, anfitrión y campeón reinante. Un par de días antes, los locales se habían llevado el triunfo en el cierre de la segunda rueda. Pero en el partido que daba el pasaje a los Juegos Olímpicos, pesó la experiencia de los argentinos, especialmente de Luifa y Chapu, para concretar el sueño. La derrota en la final ante Venezuela dejó en Scola la frustración de no poder alzar una copa de América fuera de su tierra. Sí recuperó el premio al jugador más valioso. Otra vez firmó más de 20 puntos en la mitad de los partidos, con los 35 convertidos ante Canadá como marca más alta en su carrera en los campeonatos continentales, y finalizó como máximo artillero con 21,1 por juego. Además, quedó segundo en la tabla de rebotes, con 10,1 por encuentro.

Scola valora los premios que recibió, pero siempre dentro de un contexto colectivo positivo: “Haber sido MVP cuatro veces es un buen reconocimiento individual que generalmente está atado con un éxito grupal, ya que es muy difícil que al equipo le haya ido mal y que seas elegido como el mejor jugador”.

A la AmeriCup de 2017 el ala pivote llegó en plena recuperación de un desgarro en el gemelo izquierdo. Tras descansar en el debut ante Venezuela, Luis apenas pudo estar en la cancha poco más de un minuto frente a Canadá, ya que sufrió otro desgarro en el mismo músculo, aunque esta vez de la pierna derecha. El ala pivote permaneció junto a sus compañeros el resto del torneo, pero no pudo volver a jugar. Aconsejó, alentó y compartió rutinas. Celebró el camino victorioso y lamentó la derrota en la final contra Estados Unidos. ¿Habrá sido la despedida de Scola de los torneos continentales?

Nueve participaciones: 2 medallas de oro, 4 de plata y 3 de bronce, siempre con el objetivo cumplido. Cuatro premios al jugador más valioso. Máximo anotador de la historia del torneo con 1306 puntos. Luis Scola, el gran capitán argentino, es el ícono de la mayor competencia de América.

Pablo Cormick
FIBA